Los zapatos, aun deteriorados, se mantienen con vida, cuentan historias con cada mancha, con cada sucio, con cada desgaste van narrando los lugares a donde estuvieron; son el lienzo de los tintes del momento, del paisaje y los recuerdos. Por eso se dice que cuando son viejos se hacen más cómodos y por eso mismo es que no son enterrados como a los muertos; se ritualizan su despedida, son ellos mismos quienes se desvanecen en el tiempo; cuando nadie los calza, cuando dejan de acumular historias, cuando los dioses naturales, lluvia, sol y viento desgarran sus partes y alejan cada partícula a diferentes extremos.
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Tenis en el cableado de luz de una urbe blanca y negra
Lugar: Medellín, Antioquia


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